Cuando te equivocas, a veces el error te depara gratas sorpresas. Enrique y yo que ayer nos desplazamos hasta la Sierra de la Nieves, nos equivocamos en la ruta. Pusimos el GPS del móvil para que nos llevase a "Sierra de las Nieves", pensábamos que acabaríamos en el centro de interpretación de los Quejigales, pero no. Cuando la muchacha del GPS dijo aquello de "ha llegado usted a su destino" estábamos en un camino en medio de la nada.
Tuvimos la suerte de que un corredor entrenando nos indicase que a unos 10 minutos teníamos dos miradores desde los que podíamos iniciar el ascenso al Torrecilla, uno era el de Saucillo y el otro Luis Ceballos. Optamos por el primero.
Allí en el mirador dejamos el coche e iniciamos, tarde, el ascenso.
La ventaja de esta ruta a diferencia de las otras dos que había realizado con anterioridad (2012 y 2013) es que son 10 kilómetros de ida (y vuelta otros 10) con un desnivel muy agradable:
620 m. de desnivel. Empezamos en los 1300 m. y acabamos en los 1919 a lo largo de 10 km.
Hicimos un par de paradas para coger fuerzas y reponer agua. El día estaba con mucha niebla y ya intuíamos que en esta ocasión no disfrutaríamos de las magníficas vistas de la cumbre.
Fue un paseo agradable, llegamos a nuestro objetivo sobre las 14:30 y comimos allí compartiendo espacio con varias personas que habían llegado previamente. Siempre es agradable compartir objetivos con otras personas, con alguna hablamos.
Aparentemente una pena, no poder ver el mar, África, Gibraltar y las magníficas vistas, pero estas situaciones son las que hacen especiales estas subidas. En mi caso es la tercera vez que subo a esta montaña y cada vez ha sido distinta. Ver como las nubes acarician las montañas y van pasando de valle a valle también es un espectáculo digno de contemplar.
A las 20:00, después de otra equivocación con el GPS, llegamos al Albergue Los Molinos de Ronda. Allí descansamos de un agradable día, en el que las equivocaciones nos llevaron por senderos llenos de intensidad, paz, silencio y Pinapos, majestuosos Pinsapos.
Naturaleza y vida que nos oculta el hormigón de la ciudad.
"Una vez que ajustas tu ritmo, lo demás viene por sí solo. Lo que sucede es que, hasta que el volante de la inercia empieza a girar a una velocidad constante, todo el interés que se ponga en continuar nunca es suficiente" Haruki Murakami
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domingo, 26 de febrero de 2017
lunes, 2 de diciembre de 2013
Torrecilla, de nuevo, una maravilla
Ayer domingo 1 de diciembre volví a subir al Torrecilla, cumbre más alta de Málaga con 1919 m. con la sección de Montaña de mi club. Este último mes desde la Turdetania ha sido un poco flojo en entrenamientos y siento que me voy recuperando del esfuerzo. La subida de ayer me sirvió para darle un empujón a las ganas de hacer deporte.
Como puedes observar por la foto el día fue muy bueno, sin una nube pero desde el jueves había estado nevando por encima de los mil metros, lo que nos presentaba una cumbre repleta de nieve. De hecho desde la altitud de 1500 metros los senderos y pasos estaban repletos de nieve, haciendo honor al nombre de la Sierra que transitamos (Sierra de las Nieves), incluso de placas de hielo hicieron de las suyas con algún tropezón que otro.
Desde la cumbre pudimos divisar el peñón de Gibraltar, incluso Ceuta se veía. Perfectamente la ciudad de Málaga y la magestuosa Sierra Nevada al oeste, también otras cumbres cercanas. Un paisaje impresionante.
Salimos de La Algaba a las siete de la mañana, con un poco de retraso pero no dejamos de parar a desayunar unos buenos molletes de Coripe, tras lo cual, con las pilas cargadas de zurrapa y demás calorías, llegamos al area recreativa de los Quejigales desde donde emprendimos la marcha hacia nuestro objetivo, el Torrecilla. En la subida atravesamos un bosque de Pinsapos cuyo contraste con la nieve nos situaba virtualmente en un villancico navideño.
Como en todas las salidas reinó el buen rollo y compañerismo. En esta ocasión contamos con la compañía de un compañero del Club Turdetania, Felix, experto en actividades de montaña, y su fiel amigo León, que se comportó como una auténtica cabra montesa.
Además de contemplar el Pinsapar, conjunto de abetos endémicos cuya presencia en Europa Occidental está reducida a la Sierra de las Nieves y Grazalema, también pudimos ver un nevero donde antiguamente se guardaba la nieve para consumo doméstico cuando aún no existían los modernos frigoríficos. El nevero que vemos en la siguiente imagen dejó de utilizarse en 1931.
Justo en ese punto nos desviamos por un tramo más difícil que nos llevaría a un valle. Tuvimos que bajar un poco y hacer unos kilómetros más de lo previsto pero nos mereció la pena. Las vistas eran inmejorables. Tuvimos que pasar por un tramo aparentemente difícil, junto a la cueva del silencio, que tenía una cadena para facilitar el paso.
En definitiva, un día de montaña redondo. Vamos levantando la cabeza y nuevos retos se contemplan en el horizonte.
Como puedes observar por la foto el día fue muy bueno, sin una nube pero desde el jueves había estado nevando por encima de los mil metros, lo que nos presentaba una cumbre repleta de nieve. De hecho desde la altitud de 1500 metros los senderos y pasos estaban repletos de nieve, haciendo honor al nombre de la Sierra que transitamos (Sierra de las Nieves), incluso de placas de hielo hicieron de las suyas con algún tropezón que otro.
Desde la cumbre pudimos divisar el peñón de Gibraltar, incluso Ceuta se veía. Perfectamente la ciudad de Málaga y la magestuosa Sierra Nevada al oeste, también otras cumbres cercanas. Un paisaje impresionante.
Como en todas las salidas reinó el buen rollo y compañerismo. En esta ocasión contamos con la compañía de un compañero del Club Turdetania, Felix, experto en actividades de montaña, y su fiel amigo León, que se comportó como una auténtica cabra montesa.
Además de contemplar el Pinsapar, conjunto de abetos endémicos cuya presencia en Europa Occidental está reducida a la Sierra de las Nieves y Grazalema, también pudimos ver un nevero donde antiguamente se guardaba la nieve para consumo doméstico cuando aún no existían los modernos frigoríficos. El nevero que vemos en la siguiente imagen dejó de utilizarse en 1931.
Justo en ese punto nos desviamos por un tramo más difícil que nos llevaría a un valle. Tuvimos que bajar un poco y hacer unos kilómetros más de lo previsto pero nos mereció la pena. Las vistas eran inmejorables. Tuvimos que pasar por un tramo aparentemente difícil, junto a la cueva del silencio, que tenía una cadena para facilitar el paso.
En definitiva, un día de montaña redondo. Vamos levantando la cabeza y nuevos retos se contemplan en el horizonte.
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